Amnesia

Primero se olvidó de saludar.
Paso de besar mejillas
a mirar gente intermitiendo.

Le parecía que todos
habían estado ahí desde siempre,
la mesa,           los hijos,           la lámpara…

El tiempo que se ahorraba en el saludo
lo aprovechó para olvidar cosas inútiles
como la tabla del doce,
el valor y significado de π
la raíz cuadrada de 81,
el número de versos que componen un soneto,
la existencia del punto G,
cómo andar en la bicicleta,
el nombre del presidente,
los usos del verbo to be,
su RFC,              el CURP…

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Macaria Prieto Gutiérrez – 18 de Mayo del 2018

Después olvidó cosas tan importantes
como su programa favorito,
el número de su casa,
la ubicación de la tortillería,
la cantidad de pastillas que tomaba a las 6,
ponerle dos gotas de cloro al agua,
dejar la propina para el guey de la basura
y el nombre del cartero.

Un día olvido jalar la palanca del baño
y otro dejó la luz del portón encendida.

Cuando perdió sus llaves
y el carnet del hospital
se olvidó de descansar
hasta que no recordó lo que buscaba;
entonces perdió peso,
p r e o c u p a c i o n e s
y todo cuanto pudo
hasta que supo que todo iba bien.

Un día no recordó el nombre
de los labios que le alisaban la frente
y decidió olvidar los días
las horas,
el año,
su edad
y su propio nombre.

Y se olvidó de comer
por buscar las cosas importantes
e imprescindibles:
su pijama,
sus piernas,
su corazón,
su pasaporte,
su alma…

Se olvidó de respirar
y se fue de viaje.

Miauricio Jiménez

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