Padre Nuestro

Hacia un buen tiempo que no la veía. Aún así, un día se presento ante mi y me pidió que cuidara a Mateo, su niño. Sin pensarlo respondí que si, aunque ahora que lo recuerdo en ningún momento vi la cara de ella.

Aún cuando no soy una persona afín a las fiestas decidí llevar a Mateo a una. Durante todo el tiempo anduve tras de él mientras jugaba. En un momento dado surgio una trifulca en la calle y todos subieron a la azotea a ver que pasaba, incluyendo a Mateo. No había escaleras ni modo de que llegara hasta allá. Trate de llamarlo para que se bajara, pero no sirvio de nada. Cuando la trifulca terminó, todos bajaron de la azotea excepto él. Todo sucedio en un instante, mientras yo trataba de llamar su atención, él se acerco mucho a la orilla, dio un paso en falso y cayo hasta el suelo golpeandose su carita. De inmediato corri hacia él, quien yacia en el suelo y lloraba intensamente. Lo abracé muy fuerte pero en ningún momento paro de llorar.

En ese instante toda la imagen se diluyo. Un sentimiento de desesperación y desahucio comenzo a invadirme,

Desperté de esta pesadilla, bañado en sudor y llorando.

Le había fallado a Mateo.

 

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