Robado de Libros (Stole from books)

La simetría de los deseos. Eshkol Nevo

Antes de pasar una hoja, tocaba siempre ligeramente el dedo con la lengua; yo la miraba y me parecía increíble que, un movimiento como aquél, que hacian los bibliotecarios, fuera tan sexy cuando lo hacia la mujer adecuada.

La soledad de los números primos. Paolo Giordano

— ¿Y de veras te gusta estudiar?
Él asintió.
— ¿Por qué?
— Es lo único que se hacer – contestó con voz queda. Deseo decirle que también le gustaba porque era algo que podía hacer solo, porque lo que uno estudia son cosas sabidas, muertas, frías; porque las páginas de los libros de clase tienen la misma temperatura, lo dejan elegir a uno, nunca hacen daño ni uno puede hacerle daño a ellas… Pero se abstuvo.

1Q84 (Libro 3). Haruki Murakami

Al cabo de un rato, las nubes se abrieron y asomó la Luna.
No había más que una. La Luna solitaria de color marfil de siempre. La Luna que colgaba en silencio sobre los campos de susuki, la que flotaba en la superficie calma de los lagos transformada en un plato blanco, la que iluminaba los tejados de las casas cuando todos dormían. La misma Luna que con tesón acercaba la pleamar a las dunas, la que arrancaba suaves destellos del pelaje de los animales, y la que protegía, envolviéndolos, a los viajeros nocturnos. Esa Luna de siempre que, unas veces, adoptaba la aguzada forma de cuarto creciente y rasgaba la piel de las almas y, otras veces, se transformaba en Luna nueva y sin hacer ruido rociaba de gotas oscuras y solitarias la Tierra. Había fijado su posición sobre el anuncio de Esso. A su lado no estaba la lunecilla verde y deforme. La Luna taciturna pendía sola, sin obedecer a nadie. Los dos observaron la misma escena, sin necesidad de que ninguno de los dos se lo confirmara al otro. Aomame, callada, sujetaba la mano amplia de Tengo. La sensación de que en su interior algo había cambiado, su curso había desaparecido.

Flowers for Algernon. Daniel Keyes

“Charlie, you’re wonderful.”
I caught her hand and held it. “No, it’s you. You touch my eyes and make me see.

You’ve become cynical, said Nemur. That’s all this opportunity has meant to you. Your genius has destroyed your faith in the world and in your fellow men.

That’s not completely true, I said softly. But I’ve learned that intelligence alone doesn’t mean a damned thing. Here in your university, intelligence, education, knowledge, have all become great idols. But I know now there’s one thing you’ve all overlooked: intelligence and education that hasn’t been tempered by human affection isn’t worth a damn.

Don’t misunderstand me, I said. Intelligence is one of the greatest human gifts. But all too often a search for knowledge drives out the search for love. This is something else I’ve discovered for myself very recently. I present it to you as a hypothesis: Intelligence without the ability to give and receive affection leads to mental and moral breakdown, to neurosis, and possibly even psychosis. And I say that the mind absorbed in and involved in itself as a self-centered end, to the exclusion of human relationships, can only lead to violence and pain.

When I was retarded I had lots of friends. Now I have no one. Oh, I know lots of people. Lots and lots of people. But I don’t have any real friends.

 

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