Y bueno m’ijo, pa’ cuando te titulas?

Hay preguntas en la vida que deberían de estar prohibidas:

– Si te ven viejo:
¿Cuántos años dices que tienes?

– Si te ven procrastinando:
Bueno m’ijo, pos que no tienes nada que hacer, ¿qué no tienes que trabajar?

– Si estás viejo y solo:
¿y la novia? ya decía yo que si eras.

– Si ya tienes novia:
¿y pa’ cuándo la boda?

– Si ya te casaste:
¿y pa’ cuándo los niños?

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Leo, luego existo.

 

– Si estás viejo, solo y todavía estás estudiando:
Bueno m’ijo y, ¿qué no piensas trabajar? Si, mire m’ijo hagase de su dinerito, su familia y un terrenito.

– Cuando les dices que estás haciendo el doctorado:
 Y bueno m’ijo, pa’ ¿cuándo termina la tesis? ….

En ese momento te dan ganas de levantarte y no volver a ver a esa persona. Luego recuerdas que es tu abuelita de 90 años y te regresas, ya saben por cuestión de respeto. Sin embargo, ese tipo de preguntas en lugar de motivarte a terminar, te hacer volver a la realidad y darte cuenta que estás frito (me recordo un cuento de un elefante que venía en un libro de primaria, Dailan Kifki). Y empiezas a acordarte que ya tienes como treinta y tantos, no tienes trabajo, ni pareja, tus amigos ya te dejaron de hablar (o más bien tú les dejaste de hablar, bueno como haya sido, simplemente ya no hay comunicación), y para terminar… estás haciendo un doctorado y la mayor de tus pesadillas sigue plantado ante ti, retadora y altiva, LA TESIS. Que alguien te pregunte por la tesis es como una mentada de madre, es recordarte que tan jodido estás y sin poder hacer nada.

Embarcarse en una tesis es lanzarse al oceano con un salvavidas y una promesa de que que al llegar y conquistar la isla de la tesis todo se volvera de maravilla. Lo malo de embarcarse es que una vez que ya estás en altamar ya no hay vuelta atrás. No hay devolución ni un fíjese que mejor no. Es estar a la deriva sintiendo que ya vas cerca de la mitad, aunque en realidad eso no tenga nada de cierto. En el fondo de tu alma sientes que debes regresar, que te estás autoengañando, que no existe tal isla prometida. A la vez, en esta oleada de nubes, de vez en cuando aparece un rayo de sol que te invita, te excita, y te incita a seguir avanzando. Y piensas para ti mismo, pues si ya estoy aquí, ya mejor termino. Como siempre en todo, tu familia y amigos te mandan whatsappazos de motivación. Pero conforme más te adentras, esas señales se vuelven mas débiles a tal grado de desaparecer. Y cuando menos lo piensas vas solo, a la deriva, con la vista puesta en una isla virtual. Sabes bien el final, llegar será lo fácil, pero aún tienes que atravesar la barrera de los asesores canibales que trataran de destrozar tus ideas y con ello tus ilusiones. Pero una vez que logres pasar esta barrera, finalmente podrás tomar tu título como bandera y clamar la conquista. El éxito es una funcion puntual. Y al igual que la isla, una vez que llegas a la cima, no solo te conviertes en doctor sino en un desempleado más.

Querido e-lector, si un día ves a un estudiante de licenciatura, maestría o doctorado, no le preguntes por su tesis. Mejor regalale un cafe y una sonrisa.

Atentamente
Juárez, el Ornitorrinco

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