Mi aventura de ser maestro.

El siguiente texto lo escribí en el año  2010.  Habla de mi y mi perspectiva respecto a la profesión mas hermosa del mundo… ser Maestro. Espero les guste, por cierto en estos momento vuelvo a ser alumno… y me agrada.

Mi experiencia como maestro comenzó a muy temprana edad. Ya desde la secundaria vislumbraba el ser maestro como mi vocación. Mi orientadora vocacional me decía en esos entonces, que para que estudiaba, sí al final iba a terminar de maestro. El gusto por transmitir el conocimiento, hacia los demás, me surgió de ver la cara de satisfacción que mis compañeros ponían cuando sus dudas quedaban resueltas. Mi labor de ayudar la seguí practicando a lo largo de la preparatoria, en donde comencé a dar clases particulares. Para esos entonces mis conocimientos, especialmente en el área de matemáticas, se habían incrementado considerablemente lo cual me permitió ayudar a mucho más personas. Mi labor como maestro no solo se enfocó en gente de mi misma edad sino que también tuve la oportunidad de trabajar con adultos mayores. A los 18 años me toco dar el servicio militar como educador del INEA. Estoy en completo acuerdo con el autor cuando dice, que el maestro se forma a prueba y error.

El dar clases es una experiencia que se renueva con cada grupo nuevo. Aun siento nervios al momento de presentarme en la primera clase. El miedo de ser devorado con las miradas por ese monstruo de 30 cabezas, que son los alumnos. Sin embargo, una vez que la clase comienza a desarrollarse poco a poco se va controlando ese miedo aunque sin llegar a desaparecer. Las primeras veces sentía un temor a no poder responder las preguntas que los alumnos me hacían. Sin embargo, con el tiempo me di cuenta que no pasaba nada si uno decía NO SÉ. Antes que nada debí darme cuenta y aceptar que no lo sabía todo. Este cambio de actitud me permitió mejorar no solo mis clases sino que permitió mejorar los conocimientos que ya tenía perfeccionándolos un poquito más.

La identidad que tengo como maestro la he  ido construyendo en base a los profesores que he tenido. Se aprende tanto de aquellos maestros que alguna vez por sus actitudes y acciones llegaron a perjudicarnos, así como de aquellos cuya entrega y devoción real por su trabajo hacia que me enamorara más de esta  profesión. A los buenos maestros los busco imitar mientras que evito ser como los malos. Actualmente no podría definirme como un buen o mal maestro tan solo sé que en lo que hago y les entrego a mis alumnos es con las mejores intenciones de que aprendan y se superen. Quizás algunas de las técnicas que empleo pueden parecer fuera de lo común. Sin embargo, si esto ayuda a mejorar la comprensión de los alumnos en algún tema particular pues lo seguiré haciendo.

La interacción que tengo dentro y fuera del salón con mis alumnos considero que es buena. Siempre he tratado de crear una ambiente de confianza entre ambos. Evito en lo posible mostrarme como una suprema autoridad, dentro y fuera del salón de clases, empezando por quitarme el mote de “Ingeniero” que desde un principio marca una diferencia de rangos. La imagen que busco proyectar es la de otro ser humano junto a mis alumnos y no un gurú de la sabiduría, porque no lo soy ni creo llegar a serlo. El alumno debe de dejar de ver al maestro como una autoridad y verlo más bien como un guía al cual puede acudir en cuanto se sienta perdido respecto a un tema en particular. Este hecho de romper las barreras entre ambos permitirá brindarles a los alumnos una mayor confianza para expresar no solo sus virtudes sino también sus defectos. Aunque lo anterior, por supuesto, no evita que los alumnos deban o dejen de mantener el respeto tanto hacia mi persona como para sus compañeros.

En cuestión de los contenidos siempre he tratado de abarcar todos los temas concentrados en el programa. Siento un deber para con ellos de que reciban al final por lo que están pagando, la educación y sobre todo los conocimientos. La forma en que les transmito la esencia de cada tema depende de cada grupo, ningún grupo es igual. Los ejemplos trato de ajustarlos en base a las experiencias que ellos mismos me van transmitiendo. De esta manera el conocimiento no toma la forma de una obligación sino más bien se incorpora dentro de las actividades que realiza en su vida cotidiana. Siempre he tenido la constante preocupación de saber si estoy transmitiéndoles bien o no el conocimiento. Si les estoy planteando el camino más fácil que les permita entender para que después lo apliquen y razonen de manera propia. Me gusta apoyarme con situaciones de la vida cotidiana para que vean de manera directa cual es la aplicación de ese conocimiento.

Finalmente, me gustaría decir que la experiencia de ser maestro es algo muy emocionante que no cambiaría por ninguna otra profesión. Es una caja de sorpresas que día a día me brinda nuevas satisfacciones, que me pone a dudar en lo que yo considero que ya se lo cual me obliga a renovarme,  y además dejándome a la expectativa de que es lo habrá mañana, y que nuevas sorpresas me tendrá.

Juárez, el ornitorrinco del pasado. 

Leave a Reply / Deja tus ideas

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s