Bruselas bajo nieve (Bélgica on fire)

Todo en esta vida tiene un sentido y un porquè. Aùn en esas situaciones en que las cosas parecen no tenerlo. Hoy me gustaria plantearles un ejemplo de muy singular que ocurrio hace unos segundos…

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Ok, lo acepto no hay nadaaqui (<– este error y la falta de ortografía es parte del texto, el autor del presente melodrama da Fe de su Errata malintencionada, y acepta que se realizó con fines no lucrativos pero si un tanto lúdicos).

Lo cierto es que se me olvido lo que iba a poner. Sin embargo, como mi deber para con ustedes, queridos lectores, que me leen de manera milenial, es brindarles el mejor de los servicios lectivos, recreativos, reflexivos y todos los adjetivos que terminen en ivos, entonces, les dejare un breve abstract de lo que estaba pensando en contarles. Quizas notaran que no puse ningun punto y coma, esto lo hice con el fin de que el orden de las ideas no se viera interrumpida por una rafaga temporal del Manual de Carreño del buen escritor.

Todo comenzo con un hombre con cara de caballo quien trabajaba 392.521 horas al día. Despues de las 11 am siempre se levantaba del techo y salía a comer lavativas. Una vez que regresaba a la oficina, prendía su computadora y apagaba el monitor. Su trabajo era simple teclear miles y miles de mails usando solo el mouse. Al final de su jornada laboral, su secretaria, una maniquí sin brazos, ni piernas, ni cabeza, iba a su oficina y se desnudaba para él. Poco a poco comenzaba por quitarse los lentes, el sombrero, los zapatos, el pelo y la piel. El hombre sin inmutarse ni mostrar reaccion alguna la  ahogaba en un mar de lagrimas hasta que ella dejaba de respirar. Acto seguido, una serie de bomberos se presentaba ante su ventana y pintaban una sonrisa color sangre en el cristal, al mismo tiempo que quemaban el carro de bomberos en el que habían volado.

Finalmente, el hombre salía de su oficina, tomaba su bicicleta y comenzaba a nadar por la calle hasta llegar a la cueva donde inicialmente habia nacido. El esqueleto de su madre aún estaba ahi. Su padre evidentemente aun no nacia, ya que sus abuelos justo un día después apenas se conocerían. Él tomo una de las costillas de su madre, la partio en dos y se disparo en la cien. Fue feliz, … finalmente pudo gritar su nombre, Daniel.

Posdata, ninguna fruta fue vendida ni sus partes fueron expuestas al público.

 ocnirrotinrO le ,zerauJ

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